La sexualidad de la que no se habla en el Orgullo
- Mariana Bernasconi Muñoz
- hace 5 días
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Por Mariana Bernasconi Muñoz

El mes del orgullo promete visibilidad, libertad y celebración. Pero hay dimensiones del deseo y la sexualidad que no son tan fáciles de convertir en publicidad: lo excesivo, la erótica que no pasa por el filtro del consentimiento bien gestionado, el placer que sorprende. El mandato de la sexualidad segura es más que una preocupación biomédica, hoy ha carcomido el lenguaje de la psicología, de las relaciones y de la política. Es nuestra nueva norma. Este texto recoge propuestas de autor@s que me han hecho pensar, escuchar y vivir con mayor apertura.
En los ocho años en que mi consulta se ha llenado de relatos de vidas que se abren, se desarman, se transforman (emocional, sexual, políticamente, a veces todo al mismo tiempo) he visto emerger formas que exceden las palabras, que escapan a la contención de lo que el lenguaje permite: a través de actos, arte, experiencias corporales.
Esto es lo que he aprendido: el trauma es codicioso y es repetitivo. Se filtra en cómo comes, cómo sueñas, cómo tienes sexo. Mancha tu gusto en libros, tus películas favoritas, la forma en que te tensas cuando alguien te toca el hombro. Es una sensibilidad.
Pero si el trauma es codicioso, también es generativo. Esta no es una frase esperanzadora. Este ensayo propone un giro: alejarse de lo que Davis y Dean llaman traumatología (la fijación neoliberal de la teoría del apego en la seguridad y la gobernanza) y suspender lo que Anne Dufourmantelle llama "la norma de nuestro tiempo: el principio de precaución". Para invitar a pensar qué sucede cuando rechazamos la insistencia epocal en la contención del trauma y el autodominio.
Ann Cvetkovich comienza su aproximación "queer al trauma" recordando la experiencia de escuchar "Keep on Livin'" de Le Tigre: algo en ese concierto la movió, un "regreso a los placeres de la corporalidad sensorial", una experiencia que capturó lo que ella quería decir sobre el trauma de formas que las palabras no permitían.
Cuenta cómo estuvo deprimida y cómo los varios terapeutas a los que recurrió vincularon rápidamente sus dificultades del presente con su historia de incesto, produciendo una narrativa causal, clara. Ella resistió esa coherencia, cuestionó la privatización del dolor, y desarrolló un gusto por experiencias que se vuelven hacia la opacidad del trauma: lo que podríamos llamar, con Saketopoulou, una estética traumatofílica. Una experiencia estética que no surge del sujeto estable, sino del contacto con la alteridad.
Saketopoulou describe la traumatofilia como un desplazamiento desde la pregunta "¿qué puede hacerse sobre el trauma?" hacia "¿qué hacen los sujetos con su trauma?". Es un rechazo a la idea de que el trauma debe elaborarse exclusivamente en palabras, y de que un espacio seguro es siempre el mejor espacio. Rechaza la fantasía del autodominio; te desafía a abrazar tu propia opacidad.
Cvetkovich comparte este interés en lo que las personas hacen con el trauma. En su queering del archivo escribe:
"El trauma ejerce presión sobre las formas convencionales de documentación, representación y conmemoración, dando lugar a nuevos géneros de expresión."
El trauma no se acomoda a las expectativas narrativas. Circunvala los "trigger warnings", te confronta con los límites de tu control, te invita a la sorpresa, permite la emergencia de una parte de ti que podría sorprenderte, que resquebraja la idea que tenías de ti mism@.
Esa misma resistencia a la narrativa es, para Cvetkovich, lo que convierte al trauma en un sitio de resistencia más que de resolución: no algo que se cierra o se supera, sino algo que persiste y que, en esa persistencia, puede alimentar una resistencia colectiva en lugar de una clausura individual.
El vínculo entre estética y traumatofilia reside en el tipo de experiencia que no solo representa el dolor sino que lo actúa: arte que, como sugiere Saketopoulou, "algunas personas no solo soportan sino que saborean". El tipo que persiste, el tipo que podría transformarte. Aquí una estética significa sostener una relación sensorial con el mundo. Encontrarse, de pronto, con una disposición a entregarse sin certeza sobre lo que podría despertarse en uno.
Saketopoulou recuerda un encuentro clínico:
"Adam y yo buscábamos explicaciones que volvieran sus deseos más legibles y sus motivos más transparentes —lo que es otra manera de decir que cuando trabajaba con Adam, yo era todavía una analista sin experiencia."
Es este rechazo de la legibilidad lo que trazo aquí. La experiencia que resiste ser prolijamente narrativizada en la trama del trauma.
Cvetkovich de nuevo:
"Una práctica queer de sanación daría vuelta al afecto negativo o al trauma —pero abrazándolo en lugar de rechazándolo."
Esta legibilidad que se rechaza tiene, además, un objeto muy concreto: la sexualidad misma. Davis y Dean son tajantes al respecto: la traumatología, sostienen, enseña a odiar el sexo. Diagnostican una lógica cultural en la que la aversión al riesgo desplaza al deseo, hasta dejar en pie una sexualidad estrecha y domesticada:
“el sexo ocasional o infrecuente, en el contexto de una relación segura, amorosa, íntima, emocionalmente rica, apropiada a la edad y cuasi-matrimonial a largo plazo”.
Una sexualidad universal. La que no asusta a nadie, la que no te transforma, la que no exige nada de tu opacidad.
El Orgullo enseña, con razón, a reclamar visibilidad. Pero hay una diferencia entre ser visible y ser legible. La traumatofilia no es una propuesta clínica ni un manual de sexo. Es una postura: la de quien se niega a que su deseo sea administrado, contenido, optimizado. La de quien sabe que lo que más te mueve no siempre viene en formato de bienestar. Si hay algo que el Orgullo todavía puede hacer es sostener ese espacio.
Referencias:
Cvetkovich, A. (2003) An Archive of Feelings: Trauma, Sexuality, and Lesbian Public Cultures. Durham: Duke University Press.
Davis, O. and Dean, T. (2022) Hatred of Sex. 1st edn. Lincoln: University of Nebraska Press. Available at: https://doi.org/10.2307/j.ctv29z1hpz.
Dufourmantelle, A. and Miller, S. (2019) In praise of risk. First edition. New York: Fordham University Press. Available at: https://doi.org/10.1515/9780823285471.
Saketopoulou, A. (2014) Trauma Lives Us: Affective Excess, Safe Spaces and the Erasure of Subjectivity. Available at: https://bullybloggers.wordpress.com (Accessed: 26 March 2025).
Saketopoulou, A. (2019) ‘The Draw to Overwhelm: Consent, Risk, and the Retranslation of Enigma’, Journal of the American Psychoanalytic Association, 67(1), pp. 133–167. https://doi.org/10.1177/0003065119830088.
Saketopoulou, A. (2020) ‘Risking sexuality beyond consent: overwhelm and traumatisms that incite’, The Psychoanalytic Quarterly, 89(4), pp. 771–811. https://doi.org/10.1080/00332828.2020.1807268.
Saketopoulou, A. (2023) Sexuality Beyond Consent: Risk, Race, Traumatophilia. New York: New York University Press.



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