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Chile, 2020


Heterosexualidad y “ser mujer”

La heterosexualidad como mandato del cuerpo

Monique Wittig habla de la importancia de poner en cuestión lo que ella llamará el “régimen político heterosexual” que impera en nuestra sociedad. Bajo este régimen, la heterosexualidad pertenece al “orden natural”, y, por lo tanto, dado este carácter aparentemente constitutivo del ser, nos impide pensarla como una relación igual de válida que tantas otras formas, sino más bien como “la única relación”.

Es decir, la existencia de algo así como un “ya ahí” de los sexos que anunciaría una verdad acerca de los sujetos y su forma de relacionarse, donde la heterosexualidad vendría a ser parte constitutiva de la mujer, como algo  “natural”. Un ejemplo de esto es la relevancia que se le da a la maternidad, al matrimonio (heterosexual) y a la pasividad sexual como componentes inevitables de la mujer.

Pero pensar la verdad por el origen es esencialista y naturaliza la desigualdad. En ese sentido es importante desmontar el pensamiento unido a una supuesta verdad. Existe una intolerancia psíquica a la indefinición y por tanto la necesidad permanente de encasillar al sujetx.  Es importante buscar nuevos lugares que se emancipen de aquellas “normas”.

Bajo la lógica de la diferencia imperante, la identificación de la mujer como tal ha tendido a ser siempre en relación al hombre. Así, se suele pensar a la mujer como “en falta”; a lo femenino como lo otro.Desde ahí se ha tendido a pensar a la mujer como objeto de deseo, y no como sujetx de deseo.Es por esto que es importante considerar siempre la singularidad de un sujetx, intentando erradicar las barreras de la “normalidad”; de la “verdad”; de la categorización. No hay una sola manera de “ser mujer”, esta dependerá de la vivencia particular  bajo la dimensión socio-histórica en la que estamos inmersos.

“No se nace mujer, se llega a serlo. No hay ningún destino biológico, psicológico o económico que determine el papel que las mujeres representan para la sociedad: es la civilización como un todo lo que produce esa criatura intermedia entre macho y eunuco, que se califica como femenina”.  S. de Beauvoir.

Identidad Masculina y Masculinidad Hegemónica, Parte 1: 
¿Qué es la masculinidad hegemónica?¿Qué efectos tiene?

¿POR QUÉ SE DICE QUE LA MASCULINIDAD ES FRÁGIL? 

Porque la masculinidad hegemónica  requiere que el hombre demuestre su masculinidad constantemente.

¿QUÉ ES LA MASCULINIDAD HEGEMÓNICA (MH)? 

La representación social dominante de lo masculino, que deja fuera de juego de la construcción subjetiva otras formas de ser hombre.
Construida socio-históricamente como resultado de los  procesos de organización social de las relaciones entre mujeres y hombres a partir de la cultura de dominación y jerarquización masculina.
 
“tiene en su seno los valores y antivalores a los que hay que acercarse y alejarse para ser hombre adecuado, y como tal, queda profundamente impregnado en el modo de existir masculino y en el modo de pensar femenino sobre el hombre.” (Bonino, 2002)
 
 ¿Y CÓMO ES UN HOMBRE SEGÚN LA MH?
Las MH construye una forma de ser hombre basada en la independencia,  el dominio y la jerarquía. Lo que se sostiene en los siguientes mandatos: 
  • Autosuficiencia prestigiosa: Un mandato que presupone que el hombre no necesita  del apoyo de otrxs ni de su ayuda. El hombre es independiente. Debe ser demostrada y defendida
  • Heroicidad belicosa: El mandato de la fuerza y la valentía, el hombre debe soportar el dolor,  hacerse respetar y enfrentarse a los otrxs,
  • Respeto a la jerarquía y la superioridad sobre las mujeres:  Mandato que lleva al hombre a posicionarse en una jerarquía, ser un hombre es ser alguien dentro de una escala de autoridades-amos dominadores/protectores.
  • Oposición a ellas: Sostiene que ser hombre es adquirir la cualidad de superioridad y autoridad frente a las mujeres, y no parecerse a ellas. Oponerse también a los hombres que se muestran menos “masculinos” (todos aquellos que no cumplen los mandatos de la MH). Socialización que determina que ser un hombre es ser más y opuesto a las mujeres, fomentando una relación conflictiva con ellas y lo femenino. Un aspecto importante de esta creencia es que prescribe la heterosexualidad como rasgo de la masculinidad.
 
El poder configurador de la MH se hace evidente en la vida de los hombres contemporáneos no tanto en su discurso, sino en sus prácticas (...) no tanto en sus momentos estables, sino en las situaciones críticas; en su identidad representacional (imagen de sí)  pero especialmente en la funcional (lo que hacen).”
 
 Efectos de la MH en los hombres 
“Diversos  malestares expresados por muchos que, o bien no quieren identificarse con la MH o no pueden pero no la cuestionan, o por aquellos afectados por la presión de los mandatos de la masculinidad: los que callan porque no tienen nada «importante» que decir, los que se sienten «derrotados» por no haber cumplido algún objetivo vital, los que violentan para asegurarse «su» lugar de hombres, los que se horrorizan por su «disfunción» sexual, o los que no pueden aguantar llorar, entre otros”
 
La MH genera el siguiente imperativo: ¡Debes ser exitoso (material y/o moralmente) y, respetado  para ser un hombre!, lo que activa la ansiosa  permanente pregunta masculina ¿estoy a la altura?
 
 
 
Fuente:
Bonino Méndez, Luis. «Masculinidad hegemónica e identidad masculina». Dossiers feministes, [en línea], 2002.


Mayo, 2020
¿Psicópata Sexual y no femicida?

 
El 4 de marzo del 2019, en el “Diario Veloz”, publican la noticia de un brutal femicidio acontecido a la víctima Carmen Luján de 30 años. El titular de la noticia dice: “Psicópata sexual asesinó a balazos a su amiga porque no quiso intimar”. El hombre, luego de matar a Carmen a través de un balazo en su cabeza, se entrega a la policía. La causa luego fue caratulada de homicidio por la fiscal de San Martín. La noticia habla directamente de femicidio y toca el tema aparentemente de una forma no voyerista ni morbosa, relatando el episodio tal como fue. Sin embargo, en el titular y en el trato que hacen del hombre podemos ver vestigios resultantes de la violencia patriarcal.

Hablar de psicópata sexual en un caso de violencia de género, genera un desconocimiento de aquellos factores que están a la base de la misma. No es un enfermo, un psicópata, un loco o desquiciado el que mata, es un hombre fruto del sistema que lo rodea.

Como señala Arensburg y Lewin (2014) La violencia de género desde la perspectiva feminista se debe entender como un fenómeno de un dispositivo patriarcal, entendiéndola a ésta desde su estatus estructural. Sería el patriarcado el dispositivo de poder inconsciente que constituye las relaciones de género (Arensburg & Lewin, 2014). Es decir, las violencia de género es un fenómeno que responde a la estructura que nos rodea y no es atribuible a la psicopatología de un sujeto individual. De esta forma, el sistema viene a capturar el sufrimiento de lxs sujetxs, haciéndolo ver como malestar normalizado del ser femenino, y psicopatía normalizada del ser masculino, evadiendo la estructura patriarcal que se ejerce sobre los cuerpos. Y como dirá Arensburg y Lewin, citando a Foucault, es una estructura que está encarnada en nosotros y nos constituye (Arensburg & Lewin, 2014).

Así, estos episodios violentos visibles, tal como los femicidios o las violaciones, deben entenderse derivados de una violencia estructural que está naturalizada en un sistema que se constituye a través del patriarcado, no podemos disociar lo estructural que subyace al fenómeno. Porque si lo hacemos, no tratamos el problema desde su raíz originaria.

Para profundizar en aquella estructura, es necesario hablar de masculinidades. Olavarría (2017) al hablar sobre construcciones masculinas, explica que en éstas, se cree y asume la existencia de una normalidad en cuanto al deseo sexual del varón, que éste está centrado en el pene y que responde a una necesidad que en la medida en que no es satisfecha, se acrecienta y acumula hasta que debe vaciarse en una mujer. De hecho, una de las interpretaciones más frecuentes del deseo del varón es la de que éstos tienen “instintos animales” y entre ellos está el “instinto sexual”, en este sentido el deseo sexual está en su naturaleza, una naturaleza manifestada en su condición de irrefrenable, es decir, que es imposible de detener para el varón. Y el mandato es tanto que todo hombre debe poseerlo. Ello llevaría al hombre a conquistar y penetrar mujeres para cumplir con el mandato de su naturaleza (Olavarria, 2017).

A partir de esto, podríamos pensar, no en un intento de exculpar sino de explicar, que aquello, -además de otras cosas- que llevó a Sergio Elvio ese día a cometer femicidio contra Carmen, tuvo que ver con las posiciones y roles impuestos, amparados por un sistema sexo-género, que ubican la masculinidad desde el mandato señalado anteriormente. Cuyo deber ser e importancia implica y radica en el derecho a la relación sexual, a la penetración de la mujer, pues está en su naturaleza ese instinto irrefrenable. Por lo mismo, al recibir el rechazo a su intento de tener relaciones sexuales, es su masculinidad la que cae y el mandato aquello que no puede cumplir. Un mandato que le concede a él el “derecho” a la relación sexual, pues su deseo es imbatible y es la mujer quien debe satisfacerlo.

Estas explicaciones sobre el instinto “natural” sexual del varón y su imposibilidad de freno son explicaciones que se han dado para justificar la violencia generalizada contra los otrxs, oprimidos. Una justificación que se basa en el modelo hegemónico de la masculinidad, en que sin pensarlo se le atribuyen comportamientos a la naturaleza del varón, implantando de a poco ciertos patrones de conducta cotidianos que concluyen en violencia. Y en momentos en que éstas violencias se hacen visiblemente incorrectas, como en el caso del femicida Sergio, se le apellida de “psicopatía”, “enfermo”, “loco”, y no se hace reflejo al contexto social que ampara la violencia estructural que lo genera. Sin embargo es también incorrecto la naturalización del “deseo sexual irrefrenable” del varón como justificación de su “derecho” a la relación sexual.

Rita Segato (2003), hará un análisis de esta misma violencia estructural, al buscar comprender los fenómenos de violación. Señalando, entre sus conclusiones que no corresponde la atribución de psicopatologías individuales a los violadores (Segato, 2003). También explicará las dinámicas que aparecen en cuanto al concepto de masculinidad:

“"Masculinidad" representa aquí una identidad dependiente de un estatus que engloba, sintetiza y confunde poder sexual, poder social y poder de muerte.” (Segato, 2003, Pág. 37)

Es decir, la masculinidad vendrá a hacer de el poder sexual, social y de muerte un mismo conjunto, en un lazo confuso, el cual se basa, fundamenta y sustenta en un sistema de control de cuerpos. Cuando aquel estatus, en cualquiera de sus aristas se ve corrompido, desafiado, amenazado o impedido, la “masculinidad” puede caer, y su caída es algo que, como mandato varonil, se debe impedir a como de lugar. La amenaza al poder sexual que vivió Sergio, se enlazó con la amenaza de poder social, lo que desencadena en una muerte subjetiva para el individuo y su masculinidad, que solo puede ser restituida -bajo estos paradigmas de masculinidad y poder- a través del cuerpo de la mujer que vino a desestructurar aquél triángulo. Como dice Rita, de esta forma, la violación es una forma de restaurar el estatus masculino dañado con la mujer que cortó los lazos de dependencia del orden (Segato, 2003). Y así mismo podemos pensar del femicidio. El intento de restauración de la masculinidad dañada, para volver al orden.

Constantemente vemos noticias de femicidios pues estos suceden a diario. No es algo que sorprenda hoy en día. Sin embargo, la aparición de un psicópata si nos sorprende, esto sí que no sucede todos los días, podría ser un recurso periodístico para llamar la atención de los lectores, pues se ha normalizado tanto los femicidios que ya de éstos no se sorprenden. Pero, hablar de psicopatía para hacer de un caso de femicidio un “notición”, trae gigantes consecuencias. 

La psicopatología de un piscópata se estructura a través de mecanismos elaborados amparados en traumas infantiles primordiales. El hombre que mata, viola o tortura a una mujer más allá de si es psicópata o no, se sustenta en estructuras ya establecidas de control y poder. No son un caso “extraño” o “raro”. Es algo que sucede constantemente. Y no es que el planeta esté lleno de psicópatas. Es que es más fácil la explicación patologizante que cuestionar el sistema de estatus en el que estamos ubicados y programados a actuar. La violación y el femicidio son formas de restauración de este estatus, cuando una mujer o un otrx oprimidx, hace amago de desechar o independizarse de estas redes de control. Es una estructura de poder que habita nuestros cuerpos, en la que la dominación está del lado masculino, y aquél lado pende de un hilo, y quienes están encargados de restaurar esa masculinidad son los oprimidxs. La masculinidad es frágil, en cualquier momento se rompe. Sin embargo el mandato a no permitirlo es gigantesco e imperecedero.

Los medios de comunicación deben avocar el trabajo en hacer visible aquella estructura patriarcal, aquellos mandatos culturales que sostienen una forma de opresión burda y constante. Si yo digo psicópata, no digo violencia de género, mandato cultural, patriarcado, violencia estructural. Omito aquellas bases del problema y fomento la naturalización del dominio. 

El tratamiento ejercido por el medio de comunicación debe evitar siempre la patologización del sujeto, debe evitar siempre las explicaciones estereotipadas de los hechos. Cuando se habla del perfil psicológico de la víctima de femicidio, y se la presenta como una mujer “loca”, que le gustaba salir a fiestas, se comete el mismo error -aunque en ese caso, la culpa se la lleva la víctima-, se busca una causa arbitraria para dar respuesta a lo que no es más que un sistema constante de opresión, una violencia estructural sostenida amparada en el patriarcado y en el sistema sexo-género.

Pamela Merrill Silva
Corporación Red de Apoyo Psicológico Feminista
 

Referencias

Arensburg, S., & Lewin, E. (2014). Comprensión de los nudos institucionales en el abordaje de la violencia contra las mujeres en la pareja: aportes de una lectura feminista a la experiencia chilena . Universitas Humanística , 187-210.
Olavarria, J. (2017). Sobre hombres y masculinidades: “ponerse los pantalones” . Santiago: Universidad Academia de Humanismo Cristiano .
Segato, R. (2003). Las estructuras elementales de la violencia. Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes.
Veloz, D. (s.f.). Diario veloz. Obtenido de Diario Veloz: http://www.diarioveloz.com/notas/194248-psicopata-sexual-asesino-balazos-su-amiga-porque-no-quiso-intimar
 

Mayo, 2020

Parir como neoliberales

A finales del siglo XV la medicina se volvió una disciplina académica, con lo cual la exclusión de las mujeres se profundizó. Luego, en el siglo XVIII finalmente se pone en cuestión la hegemonía de las parteras (desde el poder político, intelectual y religioso) y se sustituye por la de los cirujanos comadrones.  

Con el avance de la medicina también fue desplazado paulatinamente el parir en casa por el parir en hospitales, y lo relativo al embarazo comenzó a llevar la etiqueta de “patología” al estar insertado en un ambiente relacionado a la salud y enfermedad. 

Este paso del domicilio al hospital , que se inició con la intención de controlar los índices de mortalidad materna, se consumó en el modo de controlar y modificar los procesos vitales de la mujer pariendo y el niñx pronto a nacer. 

El parto medicalizado refleja la gestión de cálculo de la vida, sujetando el cuerpo de la madre y volcándolo a su normalización y disciplinamiento. 

En esto se entremezclan pautas de conducta y pautas sociales que giran y atraviesan el parto en cuanto al discurso médico  e imaginario social: “lo correcto de hacer o realizar, lo permitido, lo bien mirado” 

Pautas sociales que podemos ver por ejemplo, cuando el médico toma la decisión de si el cuerpo del bebé intersexual es de hombre o mujer, y realiza una intervención en pos de su decisión. Implantando arbitrariamente en nuestra cotidianidad el sistema binario: macho-hembra. decisión 

En Chile durante la dictadura se hizo difícil parir, debido al toque de queda. Muchos doctores no podían trasladarse, solo algunos tenían permiso. Los hospitales pasaron a ser residencia médica y en ese contexto, el parto debía formalizarse como algo expedito y funcional. (texto: parto medicalizado en chile) Hoy en día: Chile es el segundo país de la Ocde con más partos por cesáreas (OCDE, MINSAL)

“el parto medicalizado no solo da cuenta de un evento particular en el cuerpo de la madre, sino que articula y manifiesta la totalidad del cuerpo social, económico y político que permitió el desarrollo del capitalismo y que “tan solo fue posible gracias a la inserción controlada de los cuerpos en el aparato de producción” 

Entonces...

¿Pariremos como neoliberales? (Viñeta de un doctor haciendo una ecografía y diciendo: "tendremos que inducir el parto porque me voy de vacaciones")

No podemos desconocer la importancia del hospital en orden de reducir la mortalidad materna. Lo que queremos visualizar es el constante impulso a la no elección de una madre

Debemos conocer la historia social del cuerpo, para poder notar aquellos fenómenos que están hoy en día normalizados y así habilitar nuestra agencia en el decidir:

Decidir si parir o no, decidir si ser madre o no, decidir cómo queremos parir y en manos de quién. Decidir parir con placer.

Abril, 2020

¿Por qué (y cómo) una psicología con perspectiva de género?
 

1. El sesgo de la diferencia sexual:

Frase de unx paciente: “mi psicólogo me dijo que es natural que los hombres sean más propicios a dejarse llevar según su deseo sexual”

El análisis feminista obliga a multiplicar las perspectivas con las cuales observamos los fenómenos. Pero también obliga a tener en cuenta factores sociales que actúan de forma condicionante, que antes eran asumidos como “naturales”, buscando desenmascarar el caracter histórico-cultural de muchas características que eran consideradas biológicas o “naturales”.

 La psicología de la diferencia de sexos muchas veces a contribuido a justificar desigualdades y exclusiones, siendo  ésta controversia en la psicología desde tiempos remotos:

-En el siglo XVI Huarte de San Juan argumentaba que la incapacidad intelectual de la mujer reside en el predominio en ellas del frío y la humedad, siendo el calor y la sequedad (predominantes en hombres) lo que se asociaba a la racionalidad.

- En el siglo XIX, creía que el tamaño grande de cerebro representaba la ‘mayor inteligencia’ masculina, presupuesto que nunca se vio necesario cuestionar pese al continuo fracaso en constatar mayor volumen cerebral de los varones.

- Freud, fundador del psiconanálisis en el siglo XIX, pensó inicialmente que la cura de la “histeria”  consistiría en retrotraer a las mujeres a los ideales de feminidad que sus síntomas insistían en rechazar

¿Por qué la psicología debe dejar de enfocarse en la diferencia entre sexos?

El trabajo desde la perspectiva de la diferencia entre sexos se asume desde una base biológica y por tanto inmodificable.

 Tavris (1993) plantea que si entendemos la conducta no como una “foto fija”, sino como una película en movimiento, lo más relevante de las diferencias entre sexo serán las prácticas sociales y simbólicas: los efectos de las relaciones de poder de género en la construccion de la conducta. Propone mirar más allá de las diferencias. Mirar las condiciones que conforman nuestras vidas como a los modos en que percibimos, interpretamos y respondemos a los eventos. Es decir, mirar la realidad subjetiva.

No existe una naturalidad en la conducta asociada a cierto cuerpx. La psicología, en todas sus vertientes, debe buscar desenmarcarse de éste sesgo. Entendernos como sujetxs, implica abandonar los criterios condicionantes de la diferencia sexual y por tanto no asumir que cierta condición es algo natural de cierto sexo. Escuchar la individualidad del sujetx con el cual trabajamos. 

 

 
Marzo, 2020       
 
LA CUARENTENA ES DESIGUAL:
El encierro cuando eres pobre, mujer y/o disidencia

 
La evidencia sugiere que la cuarentena genera una serie de efectos emocionales entre los que se cuentan: perturbación emocional, depresión, estrés, ánimo bajo, irritabilidad, insomnio, síntomas de estrés post traumático, enojo, y agotamiento emocional. Bajo ánimo y enojo son los síntomas de mayor prevalencia.

Estar encerradxs no es lo mismo para todxs:
Hay factores que aumentan la posibilidad de desarrollar efectos psicológicos negativos en cuarentena: cuarentenas más largas, frustración, aburrimiento, acceso inadecuado a ítems de necesidad básica, información inadecuada, y pérdidas económicas.
(The psychological impact of quarantine and how to reduce it: rapid review of the evidence, 2020)

Es peor para los pobres:
Estar encerradx en un espacio reducido, con miedo a perder un trabajo o sin trabajo, con dificultades para acceder a educación, y sin seguridad sobre el acceso a ítems de necesidad básica, se convierte en un factor de riesgo para el desarrollo de efectos psicológicos negativos.

“En Chile existen 1.150.000 personas en situación de allegamiento y/o hacinamiento CASEN (2015) De las cifras totales de hacinamiento en Chile el 90 por ciento son en condiciones también de allegamiento.”

“Lo que está señalando este Atlas es la cantidad de chilenos y tal vez no chilenos, que están viviendo en condiciones de hacinamiento y allegamiento y que por lo menos en la década de los ’90 se asumía como algo casi resuelto o en vías de resolverse”.
(Radio Uchile - Felipe Arteaga (2018) y Yasna Contreras (2019))

El 44% de los hogares del país no tiene conexión fija a Internet. Hay una brecha digital que se profundiza en los sectores de menor ingreso.

"Un 28,9% de los hogares se conecta sólo a través de
móviles; un 29,6% sólo a través de accesos fijos; y un 27,2% a través de ambos.”
(SUBTEL, 2017)

Es peor para las mujeres y disidencias:
Según lo ocurrido en Asia y europa, se ha estimado que el Covid-19 generará un incremento de un 20% a un 30% de casos de violencia intrafamiliar en Chile, siendo el mayor riesgo la violencia extrema hacia mujeres y disidencias.

Esto como efecto del aumento del desempleo, el hacinamiento, la incertifumbre, el teletrabajo y el consumo de alcohol y drogas.
(Vesna Madariaga Gjordan, el mostrador, 2020)

Pero como principal causa la violencia patriarcal.

“...en los días de aislamiento la precarización de la vida de las mujeres queda aún más en evidencia… las mujeres ocupadas trabajan en promedio, 41 horas a la semana en tareas de trabajo no remunerado, es decir en tareas domésticas o de cuidado. En contraparte, los hombres ocupan sólo 19 horas a la semana en similares quehaceres”
(Silvana del Valle, Observatorio de Género y Equidad 2020)

La cuarentena es desigual:
La pandemia hace aún más visible las diferencias estructurales del sistema patriarcal. Esperamos que cuando podamos re-apropiarnos del espacio público no nos ceguemos a la realidad que se hace visible hoy y seamos capaces de abarcar toda las aristas de la crisis, pero por sobre todo aquellas que se suelen invisibilizar.
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Red de Apoyo Psicológico Feminista